viernes, 30 de mayo de 2014

BERNIE CASEY: GARGOYLES (1972)


"El diablo, aquel que una vez fue el favorito de los ángeles de Dios. Pero el orgullo llenó su corazón y le pareció inconcebible ser un sirviente. El diablo y sus seguidores, que cometieron el pecado del orgullo, fueron vencidos en batalla por el Señor y sus huestes. Y fueron desterrados a las profundidades del infierno para nunca volver a sentir la presencia de Dios o ver el paraíso. Junto con sus seguidores, atormentado pero lleno de orgullo, el Diablo gritó desde las profundidades: “Es mejor gobernar en el infierno, que servir en el cielo”. Y proclamó: “Lo que perdimos en el cielo, lo tendremos en la Tierra. Mis descendientes, Las Gárgolas, gobernarán sobre las creaciones de Dios: La Tierra y el Hombre". Y así pasó el tiempo mientras los hombres gobernaban la Tierra, las gárgolas esperaban, al acecho ocultas en las sombras. Reapareciendo cada seiscientos años, las gárgolas luchaban contra los hombres por el dominio de la Tierra. Y en cada guerra las gárgolas casi fueron destruidas por el hombre, quien las sobrepasaba en número. Hoy en día, tras cientos de años se cree que esas grotescas estatuas y pinturas no son más que un producto de la imaginación. En esta era, en que los hombres se preocupan por las enfermedades que lo azotan, la raza humana ha olvidado a su más fiero enemigo…" 

 

Con esta narración se abre "Gargoyles" (1972, Bill L. Norton) simpático telefilme setentero más cercano a cierto cine fantástico de los 50 que al territorio satánico que parece apuntar el texto. En realidad, una monster-movie ambientada en escenarios desérticos donde un grupo humano variopinto y esquemático se enfrenta a una tribu de "Gárgolas" que viven escondidas en el lugar desde hace cientos de años.

 
Un antropólogo y su hija acuden a la llamada de un pintoresco lugareño  que desea enseñarles un secreto que oculta en uno de sus almacenes. La llegada de los forasteros desencadena el ataque de las misteriosas criaturas que parecen invocadas por algún secreto ritual. El enfrentamiento entre ambas razas dejará a las claras las verdaderas motivaciones de los monstruos.

 
"Gargoyles" (1972) es una entrañable entretenimiento que reune basicamente lo esperado en producciones similares: cine B destinado para la pequeña pantalla con toques eminentemente westerns (el enfrentamiento recuerda el de las típicas películas de indios y vaqueros), alguna estrella en su ocaso (Cornell Wilde), y alguna presencia habitual de la pequeña pantalla (la actriz Grayson Hall que sigue bebiendo más allá de Collinwood). El limitado presupuesto se evidencia en el toque naive de las Gárgolas, razón que no impidió que fuese premiada con un Emmy por dicha labor. 

 
Lo mejor son ciertas ideas que se apuntan aunque no se desarrollan: el origen de las citadas criaturas y su transfondo mitológico, su vinculación al pasado histórico de los nativos americanos, las ambiguas intenciones de la Gárgola con la hija del protagonista y el uso de la violencia por ambos bandos como arma para la supervivencia. La realización de Bill Norton, todo un experto en el medio (aunque este era su segundo trabajo) se mueve por los territorios de la corrección. No obstante, y a pesar de sus limitaciones "Gargoyles" (1972) es un trabajo singular dada la rareza de la amenaza que presenta. Años después, Victor Salva presentaría en el díptico "Jeppers Creepers", una efectiva evolución de estas criaturas. Bernie Casey encarnó al lider de las Gárgolas, un monstruo inteligente y especial, cuyo diseño nos recuerda a alguna de las creaciones del finado Ray Harryhausen. en pequeñospapeles destacar la presencia de Scott Glenn y Jenniffer Salt, hija del represariado guionista Waldo Salt.

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