sábado 31 de octubre de 2009

XX SEMANA DE CINE FANTASTICO Y DE TERROR DE SAN SEBASTIAN


Desde hoy hasta el próximo día 6 de Noviembre, las calles de Donosti se tiñen de rojo sangre para acoger a uno de los festivales más divertidos del panorama nacional. Este año disfrutaremos de zombies nazis, bichos gigantes, Romero en 3-D, el regreso de Tetsuo, gore japonés, autopsias al cine patrio, bebes mutantes, misterios en las Bermudas, el mundo de H.R. Giger, salvajadas francesas, actividades paranormales, samurais innominados, misteriosas naves espaciales, el imprescindible 2000 maniacos, los Monty Python y sus locos seguidores, asesinos de vampiras lesbianas, un homenaje a la genial revista Metal Hurlant.....y alguna otra sorpresa. Si os acercais por allí estaremos.

jueves 29 de octubre de 2009

BONES (2001)


La relación de Snopp Dogg con el cine ha sido variada aunque escasamente interesante. Un buen ejemplo de ello es Bones (2001), un film de terror completamente acondicionado a su persona donde salta a la vista su escasa prestancia actoral. A priori, la película era interesante: retomar el género terrorífico desde una perspectiva netamente racial e incorporarle algunos elementos contemporáneos para actualizar la propuesta. Jugamos en terreno conocido. Un intento de urban ghost story de evidente sabor afro y con la intención de crear una franquicia que vistos los resultados comerciales se quedó en las estanterías de la New Line Cinema.


La historia del filme gira entorno a Jimmy Bones, una mezcla de pimp y protector de un ghetto que en los años 70 fue asesinado al negarse a introducir una nueva droga en el barrio. Un cuarto de siglo después, un grupo de jóvenes vinculados con algunos de los implicados en su muerte, vuelven al lugar de los hechos con la idea de abrir una discoteca en el viejo cubil donde residió y murió Bones. Los errores de siempre provocarán la habitual venganza de ultratumba, bañada de generosas dosis de sangre.


Los principales responsables de este desaguisado son Adam Simon y Tim Metcalfe, participes de un guión repleto de lugares comunes, vacuas citas cinéfilas, chistes sin gracia, soluciones gratuitas con que resolver las idas y venidas del personal, y uso de argot callejero para conectar con el público juvenil. Lo más preocupante de la función es el vago retrato que hacen del propio Bones, cuya fuerza y motivación se va perdiendo a lo largo del metraje. La idea de crear una imagen mítica y legendaria naufraga de manera estrepitosa.


El director Ernest Dickerson hace lo que puede ante tan oscuro panorama y delega toda la propuesta a efectistas movimientos de cámara, consecuentes efectos especiales (con abundantes dosis de pintura roja), ocasionales hallazgos en el diseño de producción y cuidados ambientes siniestros muy bien secundados por su director de fotografía, el español Flavio Martínez Laviano.


Ante la desidia que provoca el visionado de la película, uno se puede entretener por reconocer los evidentes guiños cinéfilos que aparecen a lo largo de la película: desde la lluvia de larvas extraída de Suspiria, a la recomposición carnica de un esqueleto made in Hellraiser, pasando por los ambientes pesadillescos propios de la serie Freddy Krueger, claros ecos del Cuervo de James O´Barr, sin olvidar una versión remozada de la Mystery Machine de Scooby Doo, aunque aquí el cancerbero muerde y juega en el bando contrario.


La maravillosa Pam Grier, enlace de unión con la vieja blaxplotation, está completamente desaprovechada y sus apariciones carecen de la magia deseada. Y las potentes, Bianca Lawson y Katherine Isabelle dan poco juego a la hora de mostrar sus encantos. Por una vez el refrán se ajusta perfectamente a la hora de definir Bones: “perro ladrador poco mordedor”.


miércoles 21 de octubre de 2009

BLADE TRINITY (2004)


David S. Goyer tomó las riendas de esta nueva secuela ante la negativa de Guillermo del Toro de volver a dirigir el nuevo título de la franquicia. No obstante, el nombre del cineasta mexicano aparece en los agradecimientos del film. En su doble faceta de director y guionista, Goyer opta por la continuidad de la fórmula que tan buenos resultados comerciales había dado en las dos anteriores películas. Las variaciones son escasas, la estructura básicamente es la misma y los añadidos o novedades tan previsibles como inanes. No se puede achacar completamente a la inexperiencia de Goyer tras las cámaras el decepcionante resultado de esta tercera parte. Simplemente su falta de personalidad como cineasta refuerza los defectos que ya tenían las anteriores obras y anula los aciertos visuales y ocasionales destellos de genio que aparecían de vez en cuando en las dos primeras películas. No olvidemos que estamos ante películas de producción donde las decisiones de un cineasta novel cuentan más bien poco aunque se trate del guionista en jefe de la franquicia.


El guión de Goyer vuelve a recoger aspectos y personajes de la mitología del personaje para utilizarlos de la manera más interesada posible. Blade cae en una trampa urdida por los vampiros y es detenido por las fuerzas de la ley, tras una movida refriega en la que muere Whistler. Los upiros por su parte han resucitado a Drake/Drácula el primer vampiro con el fin de obtener el suero definitivo que les haga caminar sobre la tierra día y noche. Un misterioso grupo rescatará a Blade de las garras de la policía e intentará hacer frente a la nueva amenaza.


Blade Trinity vuelve a apoyarse en un guión deshilichado que es el principal enemigo de la cinta. Las situaciones y secuencias se suceden por atona acumulación sin ningún tipo de estímulo que las lleve a su deseado climax. Los personajes se mueven por la misma lanzando dialogos y perlas supuestamente destroyer que provocan más hilaridad que el deseado contrapunto desmitificador. La voz en off que indica que lo que se cuenta en las películas de vampiros es un cúmulo de estupideces y que todo nació y murió con Blade no viene ratificada por el metraje posterior. La amenaza que se cierne sobre nuestros personajes pocas veces es detectada en pantalla.


A Goyer le preocupa más los andares cool de nuestros protagonistas en slow motion en sintonía con la marchosa banda sonora, las poses pseudoduras de los principales protagonistas y las rutinarias escenas de acción que al menos no son alargadas hasta la exasperación. E incluso se permite echar por tierra el magro erotismo que podría despertar la muy potente Jessica Biel, malogrado en irrisorias escenas muy cercanas a cualquier spot publicitario que se precie.


El otro gran defecto de la película es un abultado error de casting. El musculoso Dominic Purcell, mas habituado a las fugas carcelarias que a morder cuellos, podrá ser cualquier cosa menos el primer vampiro, el legendario Drácula llamado Drake para no levantar suspicacias, al que se relaciona con el Dagon o Dagan sumerio (interesante cita culterana que desafortunadamente se queda en eso). En lugar de ser el auténtico némesis de Blade, en pantalla tan solo se vislumbra como un entonado sparring que evita unos minutos la agonía del personaje en su buscado camino hacia el sacrificio redentor.


En cuanto a la versión remozada de los Nightstalkers, tan solo decir que cualquier parecido entre Hannibal King en los comics y el personaje nominal que interpreta Ryan Reynolds es mera coincidencia. Lo demás, como ya hemos dicho en ocasiones en otras películas guionizadas por Goyer, luce tan decorativo como carente de toda entidad. Quedémonos quizás con la única imagen inquietante del film: esa nave repleta de humanos utilizada como granja de abastecimiento por las temibles legiones de la noche. Una hermosa flor en la insaluble cienaga llamada Blade Trinity.

jueves 8 de octubre de 2009

BLADE: CRECENT CITY BLUES (1998)

El regreso del gran Gene Colan al cazavampiros más popular de la factoría de las ideas, fue con un meritorio one-shot, con inevitable vocación para activar una serie regular y que precedió el estreno de la primera película sobre el personaje (fue publicado en marzo de 1998). En esta ocasión, no contó con la compañía cómplice de Marv Wolfman. Su sustituto fue el escritor Christopher Golden que realizó un estimable trabajo a la hora de actualizar las aventuras del personaje manteniendo los mejores elementos que le hicieron popular en los años 70. Basicamente, Golden y Colan devuelven a Blade sus señas de identidad, algo perdidas en sus anteriores combates al lado de los nightstalkers y en su última etapa en solitario (la serie de 10 números publicada entre 1994 y 1995).


Blade se traslada de Nueva York a Nueva Orleans para investigar un extraño complot que se extiende por los bajos fondos de algunas importantes urbes: el hampa está siendo vampirizado de forma metódica siguiendo un plan malignamente estudiado. Detrás de todo ello, se encuentra su archienemigo Deacon Frost, el vampiro que intenta sustituir a Drácula al mando del reino de la noche. En su aventura, Blade se encontrará con algunos inesperados aliados.


Crescent City Blues mezcla habilidosamente terror, misterio y acción a partes iguales logrando así una de las historias más equilibradas en la trayectoria del personaje. Las ideas de Golden son plasmadas con gran profesionalidad por el veterano Gene Colan sin que tenga la necesidad de reinventarse esteticamente. Las viñetas de Colan se muestran tan efectivas y en ocasiones tan fascinantes como lo hicieron en los años 70 en la mítica Tomb of Dracula.


Uno de los puntos fuertes es la recuperación de algunos de los personajes más importantes en la pequeña mitología del personaje. En primer lugar, lógicamente, el gran Deacon Frost, temible y escurridizo, nada que ver con la rejuvenecida presencia de diseño vista en el film de Norrington. Aquí es un peligrosísimo personaje cuyo poder está muy por encima del resto de contrincantes.


El otro gran acierto del guión de Golden es recuperar a algunos personajes anteriormente vinculados a Blade: su antiguo socio Hannibal King, detective vampiro dado por muerto en su ultima batalla al lado del cazavampiros negro, y Saffron Caulder, su antigua novia, que casualmente trabaja en Nueva Orleans para Donna Garth (hija de Simon Garth, el Zombie de la Marvel).


Por si alguno no quedaba suficientemente complacido con este estimulante comeback, Golden intoduce en la trama conexiones entre el vampirismo y el vudu, lo que da lugar a la aparición de Jericho Drumm, el Hermano Vudú y su archienemiga Marie Leveau, introducidos en la batalla entre los poderes de la noche y las fuerzas del bien.


Tan interesante propuesta, no tuvo continuidad dado los caminos divergentes que Blade (1998) siguió en la pantalla grande. El siguiente one-shot sobre el personaje, Blade: Pecados del padre (octubre de 1998), intentaba unir de manera infructuosa lo propuesto en Crescent City Blues con las innovaciones estéticas del personaje vistas en la película, todo ello al servicio de los imposibles lápices de Bart Sears, cuyo estilo en ningún momento de adecua con el cazavampiros negro. Disfrutemos de la contribución de Golden y Colan, en una hermosa y siempre fascinante Nueva Orleans, la admirable y auténtica crescent city blues.

lunes 5 de octubre de 2009

BLADE 2 (2002)


En esta primera secuela, se intentó recuperar el tono oscuro y tétrico de los viejos comics de la Marvel, reforzando los elementos terroríficos de la trama. Para ello, se contrató a Guillermo del Toro, que utilizó muy bien los citados componentes, aunque el resultado final se saldara con la peor película de su filmografía. Además, el director de “Cronos”, perfecto conocedor del mundo de la viñeta, se mostró algo prepotente en sus comentarios en relación al trabajo de Wolfman y Colan. Es cierto que Blade no es una de las joyas del 9º arte, pero no por ello hay que tirar por tierra el trabajo de sus creadores cuando en muchos casos se vieron obligados a seguir las directrices de la compañía.


El guión de David S. Goyer vuelve a hacer agua por todos los sitios. En esta ocasión, y tras rescatar al desaparecido Whistler de las garras vampíricas (en una de las ideas más estúpidas y carentes de interés que se recuerdan), Blade deberá aliarse a sus letales enemigos para combatir a una nueva especie de chupasangre que se alimentan de humanos y upiros, los raptors. Un wild bunch bastante irritante será formado para intentar acabar con la amenaza.


Blade 2 contiene alguno de los mejores momentos de la trilogía. Es muy reseñable la parte central del film, ambientada en Centroeuropa y donde del Toro lleva la historia a su terreno generando un universo malsano y goticista claramente influenciado por uno de los asesores creativos de la película: el gran Mike Mignola. La soberbia secuencia en las alcantarillas y el tempo conseguido anteriormente en las escenas precedentes son muestra de la maestría del cineasta. También es muy destacable la presentación de Blade al comienzo del film, en una secuencia donde se muestra claramente el virtuosismo del equipo técnico. Otro aspecto reseñable y que entronca con otras obras de Guillermo del Toro, son los lazos familiares que se crean entre los principales personajes de la obra, una insólita lucha de antagonistas donde al amor, la traición, el odio y el juego de lealtades tienen evidente cabida.


En esta ocasión, el look del film cambia considerablemente en relación a la película de Norrington. Si allí se utilizó una paleta de tonalidades apagadas que resaltasen en todo momento la gelidez y aspecto high tech de muchos escenarios, aquí del Toro y Gabriel Beristain dotan al film de mayor calidez en la gama cromática, utilizando ocres, amarillos, rojos y azules que refuerzan su condición de película-comic. Estos aspectos quedan realzados en todos los interiores del film reforzando así su atmósfera claramente claustrofóbica y opresiva.


Guillermo del Toro se aplica de manera artesanal y honesta, ante un proyecto netamente de encargo. Sin embargo, su profesionalidad no consigue hacernos olvidar las debilidades argumentales, los pésimos diálogos, los banales trucos de cara a la galería, amén de regalarnos un tercio final al servicio de la instrucción marcial de Wesley Snipes, tan aburrido y alargado, que desmerecen los logros citados anteriormente. Es muy evidente, que David S. Goyer pocas veces consigue conjuntar bien sus historias, y muchos de sus guiones funcionan más como acumulación de ideas y situaciones (en ocasiones estupendas), antes que por un desarrollo equilibrado y metódico de lo que se nos cuenta. Realmente Blade 2, busca ser un vistoso entretenimiento para todos los gustos, peros sus resultados están muy por debajo de lo que en ocasiones se apunta.


viernes 2 de octubre de 2009

BLADE (1998)


El personaje creado por Marv Wolfman y Gene Colan, pronto llamó la atención del mundo del cine, destacando una producción que ya a mediados de los 70, el insigne Roger Corman no consiguió sacar adelante. Puestos a soñar, hubiese sido interesante ver lo que en ese momento se hubiese logrado, sin un ambiente tan viciado por adaptar cualquier viñeta al celuloide ni intentar apuntarse al vagón de la modernidad. Una producción de la New World, en su momento más productivo, dirigida por uno de los jóvenes cachorros de Corman (cada uno que elija su preferido), adaptando por poner un ejemplo el enfrentamiento del cazavampiros contra la legión de la muerte y protagonizada por el gran Bernie Casey (esta es una elección personal). De alguna manera, se hubiese devuelto el favor al comic: Gene Colan se inspiró en actores como Jim Brown para darle un empaque físico al personaje.


En los 90, New Line compró los derechos del personaje y llevó a buen puerto el film. Un aspecto francamente curioso dado el carácter secundario que nuestro cazavampiros tiene dentro de la mitología creada por la factoría de las ideas. Sin embargo, su éxito comercial supuso el pistoletazo de salida para que Marvel llevase su amplio catálogo al mundo del celuloide. Aunque se barajaron varios nombres para dirigir la película (Ernest Dickerson, Sam Raimi y David Fincher entre ellos) fue Stephen Norrington el que finalmente convenció a los productores para hacerse con las riendas del film. Del libreto, se ocupó todo un experto en estas lides, el desigual y en ocasiones temible David S. Goyer, nombre vinculado a algunas adaptaciones superheroicas made-in-Hollywood (la secuela del Cuervo, el telefilme de Nick Furia, los nuevos Batman, Ghost Rider) aunque su mejor trabajo como escriba sigue siendo Dark City. Goyer y Norrington se tomaron bastantes licencias a la hora de trasladar al cazavampiros negro a la pantalla, variaciones que fueron siempre apoyadas por Stan Lee, aunque en ocasiones se desvirtuase la esencia misma del personaje.


Blade narra la historia de un híbrido de ser humano y vampiro (su madre fue mordida por un ser de la noche antes de dar a luz) en su enfrentamiento contra el mundo de los nosferatu. Para no caer en un proceso regresivo y acabar convertido en una de sus odiados enemigos, Blade debe alimentarse de un suero especial. El caza vampiros es el mayor enemigo de la nación vampira, el mítico daywalker cuya condición es anelada por todos ellos. Azote de chupasangres, experto en su selectivo exterminio, ayudado por tan solo por unos pocos elegidos (entre ellos, su mentor Whistler), Blade tiene que enfrentarse a Deacon Frost, un temible vampiro que aspira a controlar la tierra y a hacerse con las riendas del mundo de la noche.


A pesar de sus buenos momentos, especialmente la descripción de todo lo referente a la organización secreta del mundo de los upiros, y al buen hacer de Wesley Snipes (algo más cargante en las secuelas), Blade (1998) es un excesivo galimatías de cine vampírico, gore, neogoticismo, incómodas intrusiones de acción hongkonita, vindicación blaxploiter y estética high-tech. Resumiendo, postmodernidad superheroica bañada lógicamente de evidentes postizos levemente intimistas (la tortuosa condición bipolar del personaje) y juego metalingüísticos tan inminentemente efectivos como fatuos. Se echa de menos en muchas ocasiones, la ingenuidad con la que el personaje fue retratado en las viñetas setenteras, en los añejos magazines de terror de la compañía Marvel.


Quedan para la posteridad algunos excelentes momentos: la incursión de Blade en plena orgía sanguinolenta en la secuencia inicial de la película (con la presencia excesivamente recortada de Tracy Lords), la ejecución de Udo Kier a plena luz del sol llevada a cabo por la joven y ambiciosa camada, y un epílogo ambientado al otro lado del finiquitado telón de acero. Un gran éxito comercial, perfectamente estudiado por sus máximos hacedores, que tuvo secuelas de todo tipo.


martes 29 de septiembre de 2009

BLADE, THE VAMPIRE-SLAYER


Fue en 1973, concretamente en el número 10 de la mítica Tomb of Dracula, cuando Marv Wolfman y Gene Colan, presentaron a un misterioso cazavampiros negro que se enfrentaba sin ningún tipo de complejos al mismísimo señor de la noche. Su nombre era Blade y el impacto que causó provocó que Wolfman le otorgase un papel importante dentro de la serie, amen de protagonizar algunas aventuras en solitario dentro de otro título similar, Vampire Tales. Blade se diferenciaba de otros enemigos de Drácula por su actitud chulesca, su tesón a la hora de cazar a los chupasangres, y lógicamente por el distintivo color de su piel que le hacía diferente al grupo liderado por Quincy Harker. El look del personaje era vistoso, ciertamente curioso en relación a otros personajes similares: su cazadora de cuero, la bandolera con cuchillos de madera, sus peculiares gafas….nada parecido al gran Luke Cage o al más psicotrónico Hermano Vudú.


Blade había nacido en Londres, vástago de una prostituta que fue mordida por Deacon Frost, un vampiro que se hizo pasar por médico para atenderla en su fatal lecho de muerte. Rescatado por Madame Vanity, el muchacho se crió en el burdel, conociendo rapidamente la ley de las calles, siendo después adiestrado por su mentor Jamal Affari, un trompetista de jazz que le entrenó en el combate y le ayudó a desarrollar sus habilidades, amén de enseñarle actitudes musicales. Fue en uno de sus enfrentamientos con Drácula, cuando Blade descubrió su inmunidad a la mordedura de vampiro. Posteriormente, se enfrentó contra Morbius (en cuyo combate y tras ser mordido, adquirió habilidades cuasi-vampíricas), a la legión de los muertos y en una pequeña pero estupenda historia, a una camada de niños vampiros.


Como otros personajes de sus características, la trayectoria de Blade dentro del mundo del comic ha sido discontinua y accidentada, siempre dependiendo del equipo creativo que se hacía cargo de él. La cancelación de la línea editorial de Marvel dedicada al terror a finales de los 70, le hicieron desaparecer más de una década hasta el revival de la Tumba de Drácula a principios de los 90, en una excelente miniserie escrita por Wolfman y dibujada por Colan. Posteriormente, hubo intentos esporádicos de aprovecharle bien en series como Nightstalkers (donde formó grupo con Frank Drake y Hannibal King) bien en fallidas miniseries o one-shots, centrados en su figura y de resultados muy desiguales (destacando en este apatado la historia Crescent City Blues dibujada por Gene Colan y los tres números que escribió Don McGregor en 1998, de una serie prevista en principio para seis números).


El éxito de las películas no fue aprovechado por Marvel y aunque incluyó al personaje dentro de su interesante línea MAX, no logró dotarle de una esperada continuidad en sus aventuras (especialmente por no haber conseguido un equipo que le diese algo de consistencia al cazavampiros negro). El intento más logrado y duradero fue llevado recientemente a cabo por el guionista Marc Guggenheim y el gran dibujante Howard Chaykin, en una serie de 12 números que se lanzó paralelamente a la emisión de la interesante serie televisiva dedicada al personaje. Un excelente recorrido por la historia del personaje que desafortunadamente se tuvo que detener por falta de ventas. Este ha sido realmente el autentico enemigo de Blade en sus 36 años de historia.


jueves 24 de septiembre de 2009

BLACK WEREWOLF / LA BESTIA DEBE MORIR (1974)


“Esta no es una película de terror. Este es un film de misterio. Lo importante no es saber quien es el asesino. Lo primordial es averiguar quien es el hombre-lobo”. La idea es aceptable pero el resultado…Vayamos por partes. La Amicus se sacó de la manga este insólito pastiche que en principio debía protagonizar Robert Quarry. Pero el mercado hablaba en esa época con color negro e intentaron hacer pasar esta obra como una genuina blaxploitation.


Para ello colaron a un protagonista negro al frente del reparto: el actor Calvin Lockhart, un profesional al que ya se le conocía por sus apariciones en Algodón en Harlem (1970), Melinda (1972), Contratto carnale (1973) y que reincidiría en nuestro género favorito posteriormente en títulos como Uptown Saturday Night (1974), Let´s Do it again (1975) o The Baron (1977).


Su partenaire femenina tenía que haber sido Shirley Bassey pero problemas de fechas impidieron su participación y a sugerencia de Lockhart finalmente se contrató a Marlene Clark vista en producciones como Night of the Black Cobra (1971), Slaughter (1972), Operación Dragón (1973), Ganja & Hess (1973), Black Mamba (1974), Lord Shango (1975) o la citada The Baron (1977). La película, lógicamente, cambio de título en su estreno norteamericano y utilizó el poco original Black Werewolf.


La Bestia debe morir narra la historia de un cazador que reúne en una mansión situada en una zona boscosa a un grupo de invitados entre los que se encuentra un auténtico hombre-lobo. Su propósito es descubrir la identidad del licántropo e iniciar una cacería para acabar con su vida y colocarle en su nada desdeñable sala de trofeos.


La película mezcla con peculiar desvergüenza motivos sacados de las historias de licántropos, trama detectivesca de resonancias british y soluciones visuales al más puro estilo William Castle: en el momento cumbre un reloj llena la pantalla y concede al espectador 30 segundos para adivinar cual de los personajes es el hombre-lobo (algo que cualquier avispado ya habrá resuelto con anterioridad).


Resuelta con gris corrección por el televisivo Paul Annett, La Bestia debe morir es desafortunadamente una obra mediocre no solo por desaprovechar un excelente punto de partida (inspirado en el relato corto There shall be no darkness del escritor James Blish) sino además por tirar por tierra el trabajo de excelentes actores de la talla del inolvidable Peter Cushing, el gran Anton Drifting, el genial Charles Gray o el siempre intrigante Michael Gambon. Arrítmica y poco efectiva, tan solo destaca por los breves destellos mostrados por los citados interpretes y algún que otro momento aislado que saca del sopor al espectador más complaciente. Una oportunidad perdida, y esta vez sí, un buen material de reciclaje para futuros remakes.


lunes 21 de septiembre de 2009

G.I. BRO (1978)



Tranquilos, que no voy ha hablar de un precedente exploit de la reciente G.I. Joe (2009).

En realidad este post estaba centrado en recordar a Fred Williamson en Aquel Maldito tren blindado (1978). Pero tirando del hilo uno averigua cosas interesantes. No contentos con disfrutar de un ejemplar tardío del ahora tan nombrado Macaroni Combat, algunos avispados decidieron remontar el film y darle más protagonismo a the Hammer, para vender la película como una fake Blaxploitation protagonizada por nuestro héroe favorito. Para ello acentuaron la presencia de Willianson en la película recortando la presencia de los otros actores en la historia. Mejor un buen Black Bastard entre tanto soldado ario en suelo francés.


En Quel maledetto treno blindatto, Williamson encarna a Canfield, preso renegado, acusado de asesinar a un sargento y con deseos de matar a cualquier oficial que se le ponga por delante. Por causas ajenas, se ve envuelto en un ataque de los krauts cuyo resultado genera un involuntario grupo de soldados facinerosos que tratan de huir hacia Suiza. Las cosas no son fáciles y tras matar por error a un comando británico infiltrado, deciden sustituirles en una operación suicida en colaboración con la resistencia francesa.


Canfield se muestra fuerte, aguerrido, ágil y sumamente efectivo. No aguanta las bromas racistas de su compañero Peter y cuando este le llama bongo las chispas saltan en pantalla. Lo mejor es verle en acción con un puro en la mano y la ametralladora en la otra eliminando soldados alemanes sin ningún tipo de compasión ni duda. Corre, suda, hace carrerillas, combate cuerpo a cuerpo y en un inesperado tour de force alcanza corriendo un tren en marcha al que salta desde un pequeño puente. Al final, acaba herido y como uno de los escasos supervivientes de la violenta aventura. La experiencia de Williamson como action hero se hace notar especialmente en las escenas de choque imprimiendo un dinamismo al que ninguno de sus compañeros logra superar.


En unos de los momentos hilarantes de la película el jefe de los guerrilleros franceses se extraña de la presencia de un soldado negro en una operación de infiltración en suelo alemán. Tarantino lo ha tenido en cuenta y en su entretenida Malditos Bastardos (2009), el comando está formado por violentos y aguerridos judios cortacabelleras (por cierto, la película no es ningún remake ni nada que se le parezca, solo comparte título americano con el film de Castellari). No obstante el director norteamericano no olvida uno de sus géneros favoritos e incluye en su banda sonora el tema central de Billy Preston para la conocida Slaughter (1972) amen de dejar que el único personaje de color del film, Marcel, encienda la mecha de la masacre final antinazi. Ahí es nada.

sábado 12 de septiembre de 2009

GRAVE OF THE VAMPIRE (1974)


Menos conocida que otras propuestas vampíricas de los años 70, La Tumba del Vampiro supone una pequeña sorpresa para el degustador de rarezas terroríficas. La ausencia de un actor de relieve al frente del proyecto, su condición de obra independiente con todo lo que ello significa (realizador desconocido, distribución en circuitos limitados, explotación desigual en formatos domésticos…) han jugado desafortunadamente en su contra. Y sin embargo, estamos ante una obra citada en cualquier ensayo sobre los mal llamados vampiros menores, en fanzines especializados o en revistas con preferencias por desbrozar los siempre abultados sótanos del género. Personalmente, la primera referencia que tuve de esta obra fue hace ya bastantes años en una muy útil guía del terror que la revista Fangoria tuvo a bien publicar y que desafortunadamente careció de continuidad.


Una pareja acuden a un cementerio y son brutalmente atacados por Caleb Croft, un vampiro surgido de su tumba. El hombre muere asesinado pero la mujer es violada por el upiro en el interior de una tumba abierta. El vampiro escapa sin dejar rastro aparente. La mujer en evidente estado de shock decide tener al vastago al que alimentará con su propia sangre. Años después, James, mitad humano mitad vampiro, intenta dar con el paradero de su padre para vengarse de lo que le hizo a él y a su madre. Finalmente, le encontrará dando clases de antropología en la Universidad bajo el nombre de Arthur Lockwood. El combate final tendrá consecuencias funestas.


Si algo llama la atención en La Tumba del Vampiro es el salvajismo de su propuesta. Frente a otros intentos de actualización de los chupasangres que se hicieron en la misma época, el upiro presentado por John Hayes es un ser salvaje que mata, viola y se alimenta de sus victimas sin ningún espíritu romántico que le motive. Croft no seduce a sus victimas, como si lo hacen los vampiros clásicos de la Hammer o descendientes directos como Blácula o Yorga. Croft es el ente reencarnado de un vampiro que fue quemado en Salem unos siglos atrás y que utiliza el cuerpo de un asesino y violador que murió ejecutado en la silla eléctrica. Uno de los aspectos más interesantes de la película es que desconocemos el proceso de vampirización de Croft, idea que dota de misterio y gran entereza a su figura. El vampiro aparece perfectamente integrado en nuestro mundo dando clases y sin levantar sospechas. Solo la aparición de su hijo romperá este equilibrio. Su hijo James, sufre las consecuencias de ser un mestizo: humano y vampiro, puede controlar su sed de sangre y vivir bajos los rayos del sol aparentemente sin problemas. Su conexión con Blade surgido en fechas coetáneas en las páginas de Tomb of Dracula y Vampire Tales es más que evidente, exceptuando el aspecto racial que le imprimió secundariamente Marv Wolfman al cazavampiros de la Marvel.


Dos secuencias de Grave of the Vampire justifican el visionado de este film. Por un lado, su brutal inicio con el ataque de Croft a la pareja en el cementerio, precedido de una hermosa secuencia de créditos donde un pausado travelling recorre el neblinoso sepulcro de Croft mientras escuchamos sus latidos. Por otro lado, la secuencia final que describe el brutal combate de padre e hijo en la morada de Croft tras desencadenar una pequeña carniceria. Es un combate físico, brutal beneficiado por el contacto directo entre ambos actores que aprovechan las limitaciones propias del decorado. Un final ciertamente sensacional que pone un buen broche a esta singular propuesta.


Grave of the Vampire fue dirigida como hemos dicho por John Hayes, cineasta independiente poco y mal conocido que durante los 60 y 70, suministró a los drive-in y grindhouse con películas de diversos géneros (comedias, dramas generacionales, cine erótico, horror movies…). Entre sus obras terroríficas destacan la zombie-movie Garden of the dead (1974) o la desconocida Dream no Evil (1970). La película fue escrita por un primerizo David Chase, que por esa misma época trabajaba para la serie de TV Kolchak, y que posteriormente alcanzaría popularidad mediática con Los Soprano. Por último señalar que los dos papeles principales estuvieron interpretados por Michael Pataki , realmente excelente en su encarnación de Croft y un inesperado William Smith, cuyo rostro patibulario se ciñe perfectamente a la figura maldita de James.

jueves 27 de agosto de 2009

THE VELVET VAMPIRE (1971)

Stephanie Rothman fue la primera directora que trabajo para Roger Corman. De trayectoria corta y esquiva, siempre en las fronteras del cinema B y la explotation, su obra esta siendo recuperada en los últimos años gracias a los componentes feministas, sociales e incluso políticos que aparecen en sus películas. Siempre asociada a su fallecido marido Charles Swartz (en tareas de producción y guión), la Rothman facturó para Corman un par de películas dentro de la New World para después cruzar la calle y fundar junto a Lawrence Woolner, la Dimension Pictures, una de las indies que surgieron allá por los 70 para suministrar todo tipo de películas a los drive-ins y a las grindhouse.


La película que aquí nos ocupa es una joyita de principios de los 70, rodada con escaso presupuesto que añadía algunas gotas de originalidad al tema vampírico. Si en Europa, los upiros sufrían un proceso de erotización por parte de la Hammer, Jesús Franco o Jean Rollin, en Estados Unidos las propuestas procedentes del cine independiente actualizaban las constantes vampiricas con vinculaciones a la adicción a las drogas, la contracultura y los ambientes esotéricos. Yorga, Khorda y compañía revolucionaron la imagen que hasta entonces habían implantado la Universal y la Hammer en el inconsciente popular, llevando el vampirismo a ciudades o villorrios modernos.


Hija de estas propuestas es la maravillosa Diane LeFanu, vampira cool, que seduce y atrae a sus victimas a su solitario rancho ubicado en pleno desierto. Mientras sacia su sed de sangre el sol y las cruces apenas la dañan; cuando su adicción escapa a su control ambos elementos la ocasionará su consiguiente desaparición. Diane conoce a una pareja mientras asiste a una exposición escultórica en la galería Stoker, y a los que invita a pasar unos días a su casa. La pareja acepta inconscientes de lo que les espera.


Rothman invierte los habituales roles en los filmes vampíricos. Aquí los personajes masculinos son debiles y pusilánimes y caen fácilmente en las redes de Diane. Sin embargo, su rival femenino movida por los celos y por sensaciones y sueños extraños se mantiene siempre precavida ante la acechante y misteriosa dama de rojo. Rothman se permite el lujo de otorgar al conjunto momentos oníricos y escenas de evidente romanticismo necrófilo que otorgan al conjunto un cierto toque europeo nada impostado.


The Velvet Vampire revoluciona sin proponérselo el género vampírico, abriendo una nueva vía que desafortunadamente no fue seguida posteriormente. Lejos de conformarse con dar una simple imagen erótica del upiro, Stephanie Rothman acude a las fuentes del personaje para actualizar el mito sin dañar su esencia, otorgando por ello uno de los personajes más fascinantes y desconocidos de la historia del vampirismo cinematográfico. Una obra que confirma los aires de cambio que a comienzos de los 70, se vívian en la tradición de los chupasangres: Yorga el vampiro, El retorno de Yorga, The Deathmaster, Martin o Ganja & Hess en las pantallas; La Tumba de Drácula o Vampire Tales en los comics; la aparición de Entrevista con el vampiro de Anne Rice en el mundo literario….

domingo 19 de julio de 2009

CERRADO POR VACACIONES


....y a la vuelta: el increible Al Adamson, Cleopatra Jones, Blacula, black movies reviews, el hombre del Planeta Ulmer, Pam Grier, el detective negro, Afro Samurai, Rudy Ray Moore, Iceberg Slim, el maestro Chester Himes, Blade, Terrorificos 70, Dimension Pictures, Cine Bizarro...y muchas cosas más. Hasta la vista.

viernes 17 de julio de 2009

RICOCHET (1991)


En los años 90, los actores de color empiezan a ocupar el protagonismo de importantes producciones, ya alejadas del tono minoritario y populista del cine afroamericano setentero y buscando el beneplácito de todos los públicos. Eddie Murphy, Morgan Freeman, Denzel Washington, Will Smith, Samuel L. Jackson o Wesley Snipes (el más blaxploiter del grupo) van tomando importantes posiciones en el siempre inhospito mainstream hollywoodiense. Dentro de nuestro habitual terreno y sin ser realmente una neoblaxploitation, rescatamos Ricochet (1991), estimable psicothriller que planteaba de manera modesta pero evidente una peculiar variación black del clásico El cabo del miedo (1962), rehecho ese mismo año de manera implacable por Martin Scorsese.


Ricochet narra la historia de Nick Styles, un joven y ejemplar policía de color (encarnado como no por Denzel Washington) que iniciará una carrera ascendente hasta llegar a ser fiscal del distrito después de detener a Blake, un peligroso asesino (el genial John Lithgow) en una espectacular operación retransmitida en directo por los mass media. En su nuevo puesto intentará mejorar la situación de su antiguo barrio lo que le llevará a distanciarse de Odessa (Ice T), un antiguo amigo de la infancia, hoy uno de los gangsters que controlan las calles. Sin embargo, su mundo empezará a tornarse en pesadilla con la reaparición del psicopata cuya detención cambió su vida. Su cruel venganza será llevada hasta sus últimas consecuencias.


Dirigida por el irregular Russell Mulcahy y producida por el incontestable Joel Silver, Ricochet recupera ciertos elementos de las viejas blaxploitation: es un film de género donde la comunidad negra adquiere gran importancia a lo largo de su trama y donde es muy evidente el enfrentamiento entre negro-bueno vs blanco-malo. A pesar de los fatuos fogonazos manieristas (autocitas aparte) imprimidos por su director para llamar en todo momento la atención, lo más interesante de esta propuesta es el minucioso plan de venganza perpetrado por el asesino que destruye todo el entorno de estabilidad construido por el personaje de Washington. El choque moral y racial entre ambos personajes se ve reforzado por la lisérgica planificación de algunos momentos. Blake no solo se conforma con destruir el cuerpo de su oponente sino con mancillar y violar el sistema ético que este representa. Las mismas armas empleadas por Styles en su detención son utilizadas por Blake para destruir su matrimonio y su fama, tejiendo una telaraña de acusaciones por corrupción de menores,tráfico de drogas, relaciones extramatrimoniales… Llevada su vida al borde del precipicio y finiquitada su prometedora carrera política, Styles solo puede volver a su barrio y pedir ayuda entre los apestados que el mismo había amenazado desde su posición legal. De nuevo, los outlaws como sucedía en las películas de la vieja escuela devolverán la estabilidad al sistema.


Son estos elementos los más interesantes de esta retorcida historia de venganza, de creciente tensión en su armazón narrativo, algo deshilachado en ocasiones pero bien resuelto y donde destacan especialmente algunos apuntes ciertamente malsanos (el secuestro y violación de Styles) y su ambiente de desbordada violencia que se cierra en un enloquecido y fulgurante climax. Los actores están francamente efectivos: Washington no era aún consciente de su condición de star y Lithgow se lo pasa bomba en un papel escrito a su medida, mientras que Ice T personifica el lado más reconocible de la justicia on the hood. Un film a redescubrir o al menos a tener en cuenta en posteriores revisiones.

miércoles 1 de julio de 2009

JIM BROWN: BLACK ATTACK


En los 80, Brown se deja ver en algún episodio de series de TV conocidas por todos como El Equipo A, Autopista hacia el cielo, El coche fantástico o T.J.Hooker (esta última protagonizada por William Shatner en un nuevo intento de desprenderse del pijama galáctico que le encumbró). Sus apariciones cinematográficas son muy esporádicas: un breve papel en Perseguido al lado del gobernador de California o un par de olvidables cintas de acción de bajo presupuesto a su servicio, L.A.Heat y Crackhouse.


Sin embargo, si que hay que reseñar su presencia en I´m gonna git you sucka/Voy a por ti (1988), parodia-homenaje del cine blaxploiter llevado a cabo por la factoría Wayans, con Keenan Ivory a la cabeza, y que sirvió de precedente para títulos posteriores como Un chiflado en Hollywood, Austin Powers 3, The Undercover Brother o la muy esperada Black Dynamite. En su alocada trama se dan cita venganzas personales, drogas adulteradas, mafias y superhéroes negros de la vieja escuela, encarnados por actores tan conocidos como Bernie Casey, Isaac Hayes, Antonio Fargas, el malogrado Steve James y el propio Brown.


Los nombres no tienen desperdicio: John Slade (Casey), un exvigilante urbano reconvertido en activista social; Hammer y Slammer (Hayes y Brown), dos big brothers que regentan un grasiento restaurante; Kung Fu Joe (James), el experto en dar estopa marcial en el ghetto; Flyguy (el gran fargas), un pimp a punto de salir de prisión. La película recoge todo tipo de citas y guiños cómplices a los clásicos de la época dorada. No falta el villano blanco, ni el homenaje al blackpack, ni elementos de concienciación negra, acción netamente callejera…..y un score que recoge los mejores momentos de la musica negra sementera. Esta aventura se intentó prolongar en serie televisiva bajo el nombre de Hammer, Slammer & Slade, pero el piloto dirigido por Michael Schultz, no consiguió venderse y nos quedamos sin una posible joya de culto.


Desde entonces, sus reapariciones fílmicas han servido a Brown para recrear personajes que han servido para homenajearle como figura casi legendaria. En la estupenda Mars Attack (1996), y a pesar de la abundancia de celebridades, su presencia no desentonaba con el importante reparto y en ocasiones, robaba plano sin pretenderlo a más de uno de los protagonistas. Verle como boxeador en decadencia malviviendo en Las Vegas, enfrentándose a puñetazo limpio con las hordas marcianas merece un plus. Que además el guión, le recompensara al final con un inesperado regreso a casa, lograba crear más de una sonrisa cómplice en el patio de butacas.


En la espectacular y dislocada Un domingo cualquiera (99), su figura en segundo plano daba un mayor sentido a todo lo que sucedía dentro y fuera del campo de football. Y en Hot City (1996) volvió a juntarse con Williamson y compañía para realizar un insólita blaxploitation crepuscular, siempre en clave Cohen. Y terminamos como comenzamos este peculiar recorrido por la trayectoria de Slaughter. Brown no ha tenido un valedor como Tarantino para rescatar su figura. Spike Lee se ha ocupado de ello, no solo con ese hermoso recorrido metalingüístico sobre su figura en clave documental sino que además nos ha permitido disfrutar con su presencia en otros títulos como He got a game o She hate me.


miércoles 24 de junio de 2009

JIM BROWN: EL PRISIONERO


En 1973, protagoniza dos títulos carcelarios (por cierto, lugares en los que al parecer se sentía comodo vista la presencia de prisiones en su filmografía) aunque con tramas diferentes. Yo escapé de la Isla del Diablo (1973), dirigida por el veterano William Witney centraba su acción en la mítica prisión de la Guyana Francesa convertida en escenario infernal en sus provechosas apariciones cinematográficas. Brown, como no podía ser de otra forma, lideraba una fuga en la que no todos los implicados lograban escapar con vida. Rodada en México, con producción de los hermanos Corman, un correcto entretenimiento sin excesivas sorpresas.


Gene Corman repitió con Brown en The Slams/A golpes, una de los títulos más representativos y reivindicables de su trayectoria blaxploiter. En esta ocasión, encarna a Curtis Hook un ladrón que tras robar una importante cantidad de dinero acaba a tiros con sus socios de correrías y finalmente con sus huesos en la carcel. La prisión sin llegar a los extremos insalubles y corruptos de la mostrada por el bueno de Jamaa Fanaka unos años más tarde en su trilogía Penitencia, no es precisamente un paraíso terrenal. Además la fechoría de Hook es ampliamente conocida y el paradero del botín que escondió antes de ser apresado, es la meta de todos los que pululan por los pasillos de la carcel. Presionado por la mafia, los guardianes e incluso por los hampones negros, a Hook solo le queda una salida: escapar con vida de “The Slams”.


Dirigida con efectividad por Jonathan Kaplan, el film como otros títulos de la trayectoria de Brown está más enfocado a captar al gran público en lugar que al propio público negro. Se opta más por el mensaje individualista que por el discurso social de una mayoría oprimida por el sistema blanco. En ese aspecto los films de Brown son menos discursivos y por lo tanto más entretenidos que obras similares del periodo. Un detalle para curiosos: Alfonso y Miguel Romero, en un estupendo artículo que publicaron hace unos años en el fanzine Moon Stomper dedicado a Powerman, señalaban las curiosas similitudes de esta película con el origen del popular personaje de la compañía Marvel, algo que se refuta por el evidente parecido físico entre Luke Cage y Jim Brown.


Poco a poco, su estrella fue languideciendo y sus apariciones se fueron haciendo más esporadicas. Aparte de sus trabajos con el Black Pack (Los demoledores y Por la senda más dura en los 70, One down, two to go en los 80), Brown aparece en pocos títulos desde mediados de los setenta hasta comienzos de los 80. De esta epoca rescatemos dos obras por intereses distintos. Fingers/Melodía para un asesinato(1978) es un curioso y estrambótico thriller fiel a la personalidad de su director, el interesante James Toback. Aunque la película es un vehículo la servicio del gran Harvey Keytel, en el se muestra también la fascinación de Toback por la figura de Jim Brown (compartieron habitación durante año y medio). Toback siempre ha sido un admirador de la cultura y los valores de la población afroamericana, como ha demostrado en títulos como Black and White o su documental sobre el polémico Mike Tyson, o en su libro sobre Brown titulado Jim: The Author's Self-Centered Memoir of the Great Jim Brown.



Un año después protagoniza junto a Richard Jaeckel Pacific Inferno, trasnochada aventura bélica rodada en Filipinas y con Brown prisionero de los japoneses buscando un tesoro que el general MacArthur escondió en el mar tras su huida. Poco que llevarse a la boca en una obra que parecía intentar recuperar el revival del cine bélico de finales de los 70. Pura carnaza para recuperadores de grind movies.