lunes, 26 de noviembre de 2012

NUESTRA SEÑORA DE LAS TINIEBLAS


Fritz Leiber es uno de esos escritores que se movió satisfactoriamente por los territorios de la fantasía legando obras de indudable calado. La vindicada serie de aventuras del duo Fafhrd y Ratonero Gris para los amantes del género de la "Espada y Brujería" (término que al parecer acuñó o ayudó a crear), sus brillantes acercamientos a la ciencia ficción, sus narraciones terroríficas en principio vinculadas al circulo HPL y posteriormente explorando territorios nuevos. Una trayectoria literaria que se extiende durante más de medio siglo y que ofreció algunos de los ejemplos literarios más fascinantes del siglo pasado.
A mediados de los años 70, superada la crisis personal producida por el fallecimiento de su esposa, Leiber desarrolló una hermosa narración de tintes esotéricos, ambientada en San Francisco, con algunos matices autobiográficos e inesperado paralelismo cinematográfico. Su nombre: Nuestra Señora de las Tinieblas. Partiendo del capítulo de Quincey dedicado a Levana y Nuestras Señoras del Dolor, Leiber crea una sugerente y fascinante telaraña alrededor de un libro misterioso ("Megalopolisomancia"), un grupo de personajes reales (Ambrose Bierce, Clark Ashton Smith, George Sterling, Jack London, Dashiel Hammett...), un enigmático teósofo (Thibaut de Castriers), y unas misteriosas entidades denominadas "Paramentales". Con este admirable compendio, el escritor norteamericano crea una obra de misterio creciente, con insólitas revelaciones, habitada por un peculiar grupo humano que se hace querer desde su primera aparición, y que eclosiona en un climax espectácular y coherente con lo narrado.
 
Nuestra Señora de las Tinieblas es una joya del terror moderno. Escrita con admirable armonía y precisión, evitando momentos baladíes e intrascendentes, evocadora en sus momentos inquietantes, tangible en su particular geografía, ofrece una memorable actualización del tema de la brujería sin caer en el tópico habitual de este tipo de historias. Curiosamente, la novela se publicó el mismo año que Dario Argento estrenaba su incontestable "Suspiria" (1977), obra con la que guarda punto de partida pero que transita caminos diferentes en su desarrollo (siempre más abstracto y caprichoso). Sin embargo, la huella de Leiber si que se deja notar en las posteriores aventuras del italiano en la Trilogía de las Madres, así como, en sus producciones ochenteras de la serie "Demons" y en la enloquecida "El Engendro del Diablo". Argento no sigue fielmente el enunciado de Leiber pero introduce detalles e incluso ideas planteadas por el maestro norteaméricano en su novela.

 

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