miércoles, 21 de marzo de 2012

MAX: CAGE


Fue hace una década cuando se editó este magnífico comic dentro de la línea marvel para adultos. Nueva colaboración de Brian Azzarello y un reaparecido Richard Corben (ambos habían ya trabajado en dos trabajos excelentes: Tiempos difíciles para Hellblazer y Banner, una memorable miniserie con Hulk como protagonista). El punto de partida es irrebatible: devolver a los orígenes a un personaje completamente desaprovechado por la casa de las ideas y adaptarlo a la sensibilidad de las nuevas generaciones.


El sello Max era el mejor lugar para hacerlo. Se podría incorporar una historia dura, sin concesiones y que recuperara lo mejor del personaje creado en 1972 por Archie Goodwin y John Romita sr. La matriz elegida por Azarello era la inigualable "Cosecha Roja" de Dashiel Hammett, aquí situada en una zona suburbial poblada por bandas y gangsters y donde la corrupción urbanística ha llegado a límites insospechados. Una víctima inocente, una madre pidiendo justicia, un (anti)héroe que no busca mezclarse pero que acaba en el epicentro de una guerra de bandas y una serie de lugares y tipologías perfectamente reconocibles por el lector.


Cage no viste su blusa amarilla ni su cadena a la cintura ni mucho menos su cinta metálica en la frente. Revestido según el arquetipo propio del hip hop, derrochando chulería y cinismo a raudales, Cage vuelve a las calles remozado como nunca antes (ni después) se ha hecho. Azzarello utiliza perfectamente la jerga callejera y su gusto por las "detective stories" para imprimir al relato un agradecido envoltorio noir que acaba convertido en protagonista de la aventura.


Corben por su parte le imprime la fisicidad necesaria para que el relato impostado no acabe naufragando. Sus excelentes dibujos acaban sorprendiendo en una ficción superheroica a priori alejada de sus intereses. E incluso, cuando la historia ya no da más de sí, el trabajo del ilustrador americano acaba siendo el principal motivo para seguir leyendo las páginas de este memorable comic. Una lástima que no tuviera continuaciones.

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