sábado, 27 de julio de 2013

CALIBRE DI LEO 9: 1976-1978

 

Tres títulos definen perfectamente esta étapa de Fernando di Leo. Dos thrillers policíacos y una aparente comedia que ofrecen en su filmografía resultados interesantes y en alguno de ellos sorprendentes. Con el primero clausura su compañía de producción y se verá obligado a aceptar encargos en los que curiosamente dispondrá de libertad creativa, aunque sufrirá desde entonces los consabidos problemas económicos. Lo mejor de estos títulos es la capacidad del cineasta italiano de no repetir los moldes y esquemas genéricos tanto en el poliziesco como en la comedia erótica. Contará además con algunos de sus "sospechosos habituales" y  otros nombres importantes (Jack Palance o Martin Balsam) que ayudarán ostensiblemente a la promoción de las obras. Aunque en uno de los casos la realidad social que se vivía en esos días en Italia le jugó una mala pasada.

 
1.- I padroni della città/Mister Scarface (1976). Última producción personal (en cuanto a independencia) del autor de Nuestro hombre en Milan, donde mezcla con gran solvencia una historia de venganza con el robo que dos ladrones de baja monta planean contra el gran mafioso de la ciudad. Entre locales de mala muerte, calles sin ley y barriadas empobrecidas transcurre una historia no por ligera menos efectiva tanto en resolución como en retratos de personajes. Jack Palance encarna sin problemas al villano de la función oscureciendo la labor del dueto protagonista (Harry Baer y Al Cliver), con todo simpáticos en sus roles. Los diálogos y situaciones más estrambóticas corren  de nuevo de la mano del inenarrable Vittorio Caprioli que encarna a un auténtico superviviente de los bajos fondos, poeta y filósofo del asfalto, que ayudará a nuestros protagonistas. Ladrones que roban a otros ladrones, justicia en un mundo donde prima la ilegalidad, cobardes entre leones, matones inconscientes de su labor de peones, inesperados sueños de huida a imposibles paraiso terrenales (ese Brasil soñado que sabemos que con el tiempo no lo será), un mundo picaresco tratado más con ironía que con la seriedad de antaño . Un thriller estupendo con una parte final endiablada en cuanto a ritmo y acción, que arranca siempre la sonrisa del espectador y que cuenta con la admirable compañia sonora de Luis Enriquez Bacalov. Di Leo dirige con pulso firme y se permite incluso alardear en los momentos más cinéticos. Desafortunadamente, pichó en taquilla lo que ocasionó el fin de la productora del director. Una película ideal para las inolvidables sesiones continuas.

 
2.-  Diamanti sporchi di sangue (1977). Un ejercicio de estilo, remake nada encubierto de  Milan calibre 9, aunque ambientado en Roma y con resultados inferiores. Una obra gélida, como el actor que la protagoniza (un Claudio Casinelli un tanto ausente), que narra la venganza de un ladrón contra su antiguo jefe que le traicionó en un robo. No se sigue la historia al pie de la letra y es una obra menos matizada que su contrapartida milanesa. Lo más interesante es la representación de ese hampa codicioso y sin honor, cuyos rituales de muerte son siempre execrables. La violencia se impone sobre los débiles sin un motivo claro y siempre de forma expeditiva. No hay lujo retratado ni reuniones de alto standing ni personajes dignos de reverencia. El crimen es una amalgama siniestra de la que no hay escapatoria ni mucho menos libertad. Lo más recordado de la obra, es su secuencia final un excelente climax de inesperados resultados. En su estreno la película pasó completamente desapercibida.

 
3.- Avere Vent´anni (1978). La presencia de Gloria Guida y Lilli Carati hace presagiar un filme burdamente erótico, cómico, superficial y poco frecuentable. Las apariencias engañan. Dos jovenes se encuentran en una playa y deciden pasar lo que resta del verano juntas. Idas y venidas por diversos lugares, encuentros de toda índole, situaciones que retratan una variopinta fauna al margen de los canones habituales y un tanto underground. Se tiene la sensación  de presenciar una obra ideologicamente tardía, donde la era de Acuario y el espíritu del 68 han prolongado su existencia tarde y mal. Pero quizás en los paises latinos dichas fugas eran entendibles en el momento en que se realizó la película. Prima lo femenino como forma de protesta  enraizado con un vitalismo que será brutalmente cortado en su desenlace. Un violento momento que obliga al espectador a replantearse lo que ha estado viendo y que sobredimensiona la película en cuestión. Uno de los trabajos más estimables de di Leo y posiblemente su último filme interesante.

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