domingo, 1 de diciembre de 2013

BLADE: PECADOS DEL PADRE

Pecados del Padre. Un título ya utilizado en el one-shot publicado en 1999 a cargo de Marc Andreyko y Bart Sears. Misterios de la edición española. No hay unidad entre ambas aventuras*. Guggenheim y Chaykin aprietan el acelerador para concluir el arco argumental más extenso y ambicioso sobre el popular cazavampiros. Blade se enfrenta a su pasado para comenzar de nuevo en una maniobra tan inteligente como tramposa. Como el último Bond (Skyfall) el personaje es asesinado (temporalmente) para que renazca rapidamente y siga haciendo lo que mejor sabe hacer.

 
Continua así el recorrido vital de Blade (manco para más señas) por su poco transitado pasado. Asístimos a su intrusión en el mundo del hampa, a su encuentro con Hannibal King, la muerte de su madre adoptiva y la extraña vampirización de su mentor Jamal, músico de jazz que le acercó al mundo vampírico aunque aquí descubrimos que el cazavampiros fue instruido por un cuarteto similar que le dió la confirmación "taurina" en el arte de la sangre. En esta segunda parte Blade y King forman duo contra un vámpiro sacerdote (sic), seguiran la busqueda de los enigmas del pasado del personaje y su relación con la misteriosa orden secreta que respaldó a su familia. Reaparece nuevamente SHIELD, Union Jack y un Spiderman in Black rehabilitado de su estado vampírico.

Los flashbacks acaban cobrando mayor importancia en la historia dando las pautas de los acontecimientos recientes. Su articulación en la narrativa está mejor hilada que en los primeros números de la serie. Las apariciones de personajes del universo Marvel son más gratuitas y llevan a pensar en la desconfianza de los responsables editoriales en acometer la serie con el mundo propio de Blade. Funcionan como adornos integrados con mejor o peor fortuna en el devenir de los acontecimientos narrados. 

 
Más criticable es el empleo de Drácula**. Vaciado de todo contenido inquietante, el mítico personaje apenas es una sombra de su identidad. Un secundario de lujo colocado como peón en el tablero de una partida donde no deja de ser una mera excusa argumental para un fin premeditado. Además, el villano de la función es  Lucas Cross, blanco, vampiro y padre del protagonista que no acaba de encontrar su sitio como Lex Luthor de la función. El desenlace transilvano acaba desvelando todas las flaquezas del entramado argumental. Una mera excusa para devolver a Blade al imaginario colectivo y que continue re-matando a las legiones de la noche. 

 
Somos conscientes de ese guiño complice de vuelta a los origenes. Al final se invoca la presencia del finado Gene Colan que ilustra las dos últimas páginas del comic en un gesto postmoderno de forzada empatía. El ahora se hemana con el pasado de Blade en cuidado díptico que desafortunadamente no ha tenido continuidad. Desde entonces, al cazavampiros se le integró en un par de innecesarias agrupaciones superheroicas y no ha tenido nuevas acometidas en solitario. 

 
"Blade: Civil War y Pecados del Padre" es un arco argumental más sujeto a la actualidad superheroica que a su original pasado. El carácter secundario del personaje podría haber dado pie a un generoso conjunto de historias que funcionaran como motor para devolver a Marvel su temática terrorífica. Sin embargo, la editorial ha preferido un acto intermedio entre la visión cinematográfica del personaje y los elementos más superficiales de la creación de Marv Wolfman. Un tributo a dos padres que  chocan constantemente en su vertebración del personaje. La condición superheroica de Blade nunca tuvo su razón de ser en su visión original. Blade aniquilaba vampiros y era una seria amenaza para el señor de todos ellos, mientras buscaba incansablemente a su "padre" de ultratumba: Deacon Frost (apenas vislumbrado en este nuevo empeño). Estamos, por lo tanto, ante una entretenida oportunidad perdida.

*o quizás si: dada la acumulación de mentores que ha tenido el personaje.
**Extensible a todo el elemento vampírico de la serie.

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